Alguien dice “¡Beethoven!” y ¿qué es lo que se nos viene a la cabeza? Probablemente, las cuatro primeras notas de su Sinfonía número 5. “La Quinta”, como dicen muchos. Tal vez nos acordemos de la Novena y del cutre arreglo que hizo Miguel Ríos de su último movimiento. Y de las apropiaciones que han hecho de esta obra los regímenes políticos de todos los signos. Puede que hasta nos acordemos de Malcolm McDowell, tarareando ese estribillo en La naranja mecánica de Stanley Kubrick.
Aceptémoslo. Si no escuchamos música clásica con cierta regularidad, lo más probable es que nuestro conocimiento de Beethoven se reduzca, como mucho, a esas referencias tan insignificantes.
Sin embargo, el nombre de Ludwig Van Beethoven representa algo más que eso.
Compuso dieciséis cuartetos (más la Gran fuga) sin los cuales no se concibe el desarrollo posterior de la música de cámara. Suyas son treinta y dos sonatas para piano, fundamentales si se quiere entender el nacimiento y evolución de la obra de gente como Chopin, Liszt o Schumann. Y amplió los márgenes de la sinfonía con sus nueve contribuciones a este género musical, dejando el camino expedito para que por él transitaran Mendelsshon, Brahms y Bruckner, entre otros.
Wagner reconoció que, sin Beethoven, no habría llegado tan alto con sus óperas.
Que el volumen de su producción no abulte ni la mitad que el de Mozart y Haydn, es lo de menos. La música clásica, tal como la conocemos hoy, no hubiera sido la misma sin Beethoven. No habría existido el periodo romántico. Ni todo lo que vino a continuación.
Su famosa sordera constituyó un problema para él: le aisló de sus contemporáneos. Aun así, recluido en su soledad impuesta, escuchó en su cabeza los sonidos más audaces. De ahí salieron sus cinco últimos cuartetos y sus tres últimas sinfonías. La premonición de un mundo nuevo en la música.
Sus problemas personales, su carácter agrio y la mencionada sordera le beneficiaron después de muerto. Porque crearon una leyenda. La del artista que lucha con su entorno y consigo mismo.
En un próximo post comentaremos algunas de sus sinfonías. Y en otro, varias de sus sonatas para piano. Espero que este artículo te haya sido útil, estimulando tu curiosidad, resolviendo alguna duda o, simplemente, sirviendo de entretenimiento. Si es así, por favor, valóralo dándole a “like” y a “compartir”. Muchas gracias y ¡hasta la próxima!
Fue un aladid contra las tiranías. Egmont es un claro exponente contra la ocupación de los Países Bajos por parte de España.O la Heroica llamando a resistirse a Napoleón.
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