Una de las grandes incógnitas de la música clásica, una de sus grandes preguntas sin respuesta, una de esas cosas que no puede uno explicarse, tenía el nombre de Ludwig Van Beethoven. El cómo un solo hombre logró hacerse más famoso que Bach, Haydn y Mozart juntos, contando, se supone, con una inteligencia tan fuera de lo común como las de estos tres genios, es la interrogación cuya respuesta vale un millón.
Puede que dicha respuesta sea la que tiene un amigo mío: Beethoven es más interesante que todos ellos juntos porque tiene más mala uva. Y eso se nota en sus sinfonías.
Haydn firmó más de cien sinfonías. Mozart no anduvo corto, se quedó en cuarenta y una. Por el contrario, Beethoven escribió “solo” nueve. De esas nueve, las más famosas son la Tercera o “Heroica”, la Quinta, la Sexta o “Pastoral”, la Séptima y la Novena o “Coral”. Veamos.
1) Después de dos sinfonías que dan buena cuenta del origen “clásico” de Beethoven, la Tercera se presenta con su carácter más violento y apasionado, como sucederá en la Quinta y Sexta sinfonías. El primer movimiento utiliza un tema que serás más desarrollado en el quinto movimiento de la Sexta.
2) El tema que da pie al comienzo de la Quinta Sinfonía de Beethoven es, probablemente, el más famoso de la Historia de la música. Y un buen ejemplo del arte de su autor, que parece estar sintetizado en este movimiento: usa un motivo muy simple de cuatro notas, pero el desarrollo al que lo somete, además de espectacular, es muy complejo.
3) Quizá sea la Sexta Sinfonía su obra más conmovedora y bella. Apela a una especie de equilibrio con la naturaleza, a un sentimiento de gratitud y de amor por lo campestre. Como ocurre con la sonata Claro de Luna, se la considera uno de los primeros antecedentes del movimiento impresionista.
4) Beethoven compuso la Séptima Sinfonía completamente sordo. Más libre que nunca para dar rienda suelta a su imaginación, hizo cosas en ella que, por entonces, se consideraban auténticas audacias. El segundo movimiento es muy conocido. El cuarto parece una fiesta campestre, con un ritmo parecido al del segundo movimiento de la Novena.
5) El compositor oriundo de Bonn no sabía que la Novena sinfonía, “Coral”, iba a ser la última que compusiese. El comienzo de la obra ha sido imitado después, incluso por Anton Bruckner, quien, en sus sinfonías Octava y Novena, imita el inicio de la “Coral”. La celebérrima melodía del cuarto movimiento (que incluye coro y solistas, toda una innovación en la historia de la sinfonía) fue un parto difícil. Beethoven tardó en concebirla, pero el trabajo restante fue casi coser y cantar, incluso los episodios de la fuga y la Marcha Turca.
Espero que esta apretada introducción a las sinfonías de Beethoven te haya servido, tanto si pretendías redondear algún ejercicio del instituto, un trabajo de la universidad o, simplemente, querías distraerte un poco. Sea como sea, y si estás satisfecho/a con mi post, por favor, dale al “like” o a «compartir». ¡Muchísimas gracias y hasta la próxima!