KUBRICK Y DISNEY TENÍAN ALGO EN COMÚN, por José Belón de Cisneros.

Leopold Stokowsky, famoso director de orquesta, era consciente del enorme poder del cine. De su capacidad para llegar hasta a los más remotos rincones de la Tierra. Y de su poder para fascinar a toda clase de personas. Está claro por dónde iban los pensamientos del director de orquesta inglés: quería usar ese poder para llevar a todos los países, a todas las personas, la gran música occidental, la música clásica.

¡Y todo por el módico precio de una entrada! Antes eran muy baratas. Y había salas de proyección por todas partes.

Stokowsky se entregó al sueño de imaginar cómo, hasta el paria más miserable, podría escuchar a Bach, Beethoven o Stravinsky en la butaca del cine de su barrio. No tendría que ir muy lejos, ni pagar las sumas desorbitadas de un teatro de la ópera.

Stokowsky se puso manos a la obra. Lo primero que hizo fue convencer a alguien como Walt Disney. Le contagió su sueño, y, a continuación, entre ambos comenzaron a construir la que acabó conociéndose como Fantasía. En ella no trabajaron solo Disney y Stokowsky, sino que ambos capitanearon a alrededor de un millar de dibujantes. En dos años, la película estaba lista. Se estrenó en 1940, pero la Segunda Guerra Mundial destrozó cualquier esperanza de que la película fuera un blockbuster. No pudo estrenarse en Europa y se estrelló en la taquilla estadounidense.

Un par de años después de que Disney muriera, Stanley Kubrick estrenó 2001: Una odisea del espacio. Sin pretenderlo, Kubrick había sacado al mercado la segunda película producida por un gran estudio que incluía imágenes abstractas. Por supuesto, la primera había sido Fantasía, con el capítulo dedicado a Tocata y fuga en re menor. Kubrick, como sabe todo el mundo, también incluyó en su odisea espacial música clásica. La secuencia de la Puerta Estelar, con sus diseños sicodélicos era, para 2001, lo que Tocata y Fuga había sido para Fantasía.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que eran otros tiempos. Aquellos en que los productores adinerados de los USA se jugaban el todo por el todo, aunque fuera muy de vez en cuando. Aquellos en los que los directores estaban dispuestos a probar algo nuevo, aunque ello pusiera en peligro sus carreras. Somos muchos los que les debemos a Disney y a Kubrick habernos aficionado a la música clásica, en gran parte, gracias a sus películas. A fin de cuentas, Stokowsky tenía razón respecto a lo que al poder del cine se refiere.

Estimado lector: Confío en que te haya servido de algo este post, que te haya entretenido o aclarado algo en lo referente a la extraña y caprichosa relación que ha tenido siempre el cine con la música clásica. Si es así, por favor, dale al “me gusta” o a “compartir”. Muchas gracias y ¡saludos desde Marbella!

 

 

 

 

 

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