RICHARD STRAUSS: SETENTA AÑOS SIN EL ÚLTIMO ROMÁNTICO, por José Belón de Cisneros.

 

En este post trato acerca de la figura del grandioso compositor alemán, Richard Strauss, y de su polémico lugar en la historia de la música.

Me apresuro a aclarar que el muniqués Richard Strauss (1864-1949) no es pariente en absoluto de la famosa familia Strauss de Austria, la que es homenajeada en todos los conciertos vieneses de Año Nuevo.

Me apresuro, también, a destacar su importancia dentro de la música clásica y de géneros como el poema sinfónico, la ópera y el lied. Destacaré además que Strauss tuvo una difícil tarea que acabó dejando en manos de otros: abanderar la música del naciente Siglo XX. Durante el siglo XIX, encajó cómodamente sus poemas sinfónicos dentro de una línea postwagneriana (era un rendido admirador del compositor de Parsifal), pero, como veremos, llegado el XX, comenzaron los problemas para él.

El XIX es el siglo que vio nacer a Strauss y sus primeras obras maestras. Poemas sinfónicos como Don Juan, Till Eulenspiegel, Muerte y transfiguración, Así habló Zaratustra y Vida de héroe, entre otros, aseguraron a su autor un sitio privilegiado en el Olimpo de los clásicos.

Con la llegada del Siglo XX, y a lo largo del mismo, una parte de la humanidad descubrió nuevas formas de matar, con una violencia desconocida hasta entonces, a millones de seres humanos. Los artistas e intelectuales, que tienen un olfato especial para detectar la que se avecina, no habían dejado de dar avisos. Gente del siglo diecinueve como Josep Conrad, Herman Melville, Fiodor Dostoievsky o Friedrich Nietzsche anunciaron que algo importante y terrible para la humanidad se había estado cociendo en la sociedad decimonónica.

De entre los músicos que reflejaron esta situación en su obra, cabe destacar, primero, a Gustav Holst, quien reflejó la turbulenta situación política y la amenaza de la Primera Guerra Mundial en su suite más famosa, Los Planetas. Igor Stravinsky hizo otro tanto al llenar de convulsiones apocalípticas el ballet de La Consagración de la Primavera. ¡Cómo no! Eran tiempos bárbaros, y el compositor de Petruchka, un bárbaro sofisticado.

Strauss, que estaba haciendo un esfuerzo por ir más allá de Wagner, logró, tras componer dos óperas fallidas, llevar al límite dicho estilo con otras dos más, estas sí, de enorme éxito: Salomé y Elektra. Con ellas, se unió a la lista de compositores que reflejaban en sus obras la violencia de ese nuevo siglo XX.

¿Qué le ocurrió a Strauss tras Elektra? Esta ópera, al borde de la atonalidad más absoluta, le hizo replantearse las cosas y tomó una decisión: en su siguiente ópera, El caballero de la rosa, abandonó las atmósferas expresionistas de sus dos precedentes. Fue el comienzo de una larga lista de obras escénicas que parecían ignorar lo que estaba sucediendo en la música de todo el mundo y de lo que ocurría en la sociedad del convulso siglo XX. Tras Der Rosenkavalier, óperas como Ariadna en Naxos, Arabella, La mujer sin sombra y Capriccio proponían temas amables y del gusto de la burguesía de entonces.

Strauss no volvió nunca más a los ambientes mórbidos de Elektra. Cuando el músico, ya octogenario, asistió a una representación de su ópera, dijo: “¿Y esto lo he compuesto yo? Pues no lo entiendo”.

Richard Strauss ha quedado para la historia de la música como el último gran romántico. Frente a los ásperos mundos sonoros de Stravinsky, Schönberg, Prokofiev, Bartok y un largo etcétera, siguió componiendo según su criterio artístico, ignorando las vanguardias de su tiempo. Sus óperas le hicieron ganar mucho dinero, pero Igor Stravinsky las criticó duramente, deseándoles un destino “donde se castigue la trivialidad triunfante”.

Cuando el compositor ruso dijo esto, hacía años que Strauss había abandonado este mundo. De haber seguido con vida, seguramente habría vuelto a hacerse rico cuando Stanley Kubrick seleccionó la introducción de su Así habló Zaratustra como tema principal de 2001: una odisea del Espacio.

Un año antes de morir, escribió sus imponentes Cuatro Últimos Lieder, el adiós definitivo a un mundo que había quedado destruido y sepultado por las bombas de dos guerras mundiales. En el último de esos lieder, Im Abendrot, Strauss colocó una mención de su tema para Muerte y transfiguración, compuesto sesenta años atrás. ¡Se le ponen a uno los pelos de punta al escucharlo! El compositor sabía que moriría en breve y así fue, en 1949, a los ochenta y cinco años y de un ataque al corazón.

Fotografías: José Belón de Cisneros.

 

 

 

 

 

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